(no) Hablemos de Catalunya

A nadie se le escapa que estamos viviendo momentos de excepción. Momentos que nunca creímos que viviríamos de nuevo. Pero aquí están. Y parece que han venido para quedarse, habida cuenta del ambiente tan crispado que se respira en las calles, y no tanto en los parLAMENTOs.

Yo nací en el popular barrio madrileño de Carabanchel, pero he vivido casi toda mi vida entre Valencia y Buñol. Nunca me gusta decir qué soy, si madrileño, valenciano o buñolero. Pienso que nuestro lugar de nacimiento o residencia, no debería ser algo determinante -ni siquiera importante- en nuestro ciclo vital. Nunca me movió el fervor patriótico, ni tuve predilección por las banderas. Jamás experimenté eso que llaman “orgullo nacional”, quizá porque siempre me tuve por lo que somos; una minúscula parte de vida que pertenece a este planeta que nos vio nacer y que nos verá morir, ponga lo que ponga en nuestro DNI. Por eso me está costando digerir ese fanatismo desatado en torno a las identidades nacionales, a uno y otro lado del Ebro. Pero vamos al grano.

PRECEDENTES. CÓMO HEMOS LLEGADO A ESTO. 

Hasta hace no más de 11 años, el independentismo catalán era algo que estaba ahí, que formaba parte junto al nacionalismo vasco de una reivindicación histórica -que podemos o no compartir-  pero que no tenía una base social demasiado cohesionada ni mucho menos consolidada.  Solo ERC y un partido relativamente joven de espectro municipalista como las CUP, lo llevaban en su ADN. Convergència i Unió (ahora PdeCAT) era un partido que se autodenominaba “nacionalista” pero que se sentía muy cómodo haciendo de facilitador de gobiernos a escala estatal cuando estos no contaban con las mayorías suficientes, y cuyo principal objetivo era obtener a cambio prebendas y privilegios en materia fiscal para la burguesía catalana y mayores competencias para su Autonomía. Hasta ese momento, caso de haberse celebrado un referéndum sobre la independencia de Catalunya,  con toda seguridad hubiera salido un NO aplastante.

Pero llegó el año 2006, año el que los catalanes y catalanas votaron la reforma del nuevo Estatut d’Autonomia, cuyo texto curiosamente CiU votó en contra. Un texto que el PP -entonces en la oposición- recurrió a su Tribunal preferido “El constitucional” y que el P$o€ -entonces en el gobierno central- terminó finalmente por cercenar (recordemos la frase de Alfonso Guerra: “hemos cepillado el Estatut”). Desde ese momento, en el que murió aquel texto que había suscitado gran consenso entre el pueblo catalán,  germinó algo en una parte de la sociedad catalana. Un sentimiento entre la decepción y la impotencia, que unido a la irrupción en 2008 de esa mal llamada “crisis” que trajo los recortes sociales y la indignación social, fue muy bien aprovechado y gestionado por diferentes actores políticos y sociales generando poco a poco una base social descontenta que empezaba a imaginar una salida fuera del Estado español. Más tarde, en 2010, el Estatut sería recortado de nuevo por el gobierno de Zapatero.

Uno de los actores políticos que mejor utilizó en provecho propio ese sentimiento que brotaba en una parte de la sociedad catalana fue Artur Mas, quien a pesar de que él junto con su gobierno -entre los años 2010-2012- habían sido pioneros en la aplicación de brutales recortes sociales en materias como educación y sanidad, encontró a partir de entonces en el discurso soberanista y en la defensa del creciente sentimiento independentista, un paracaídas para detener la caída libre en votos en la que él y su partido Convèrgencia i Unió registraban en encuestas y que se vería reflejado en las siguientes elecciones. Por tanto,  ya en su segunda legislatura 2012-2015, habiéndose confirmado la pérdida de poder en términos de votos y escaños, Artur Mas lo fía todo al soberanismo y convoca por primera vez en 2013 un referéndum, que finalmente se convirtió en consulta popular sobre la independencia que tuvo de nuevo el rechazo del PP -ya en el gobierno- con su ya habitual recurso al TC. Esta consulta sin valor jurídico alguno, y cuya participación fue apenas del 38%, se celebró el 9 de noviembre de 2014. A pesar de que el resultado fue apabullante a favor de la creación de un nuevo Estado catalán y confirmado un nuevo empujón al soberanismo catalán, si en aquel momento desde el gobierno central hubiera habido voluntad de atajar aquel creciente sentimiento soberanista y se hubiera articulado la forma de celebrar un referéndum oficial y vinculante sobre la independencia, seguramente todavía hubiera ganado el NO.

Por su parte el PP -ya en el gobierno central- utilizaba misma la estrategia de Artur Mas pero a la inversa, es decir, veía en la negativa rotunda a cualquier debate y negociación sobre el soberanismo catalán, un nicho importante de votos con los que tapar las brutales políticas con las que estaba machacando al pueblo español, además de la excelente cortina de humo que le proporcionaba  -hoy todavía lo hace- para tapar sus numerosos delitos de corrupción, financiación ilegal, y el resto de tropelías que en cualquier país civilizado hubieran acabado con la ilegalización de partido y cientos de dirigentes entre rejas. Para ello, el Partido Popular utilizaba -y hoy aun lo hace- el discurso que ya utilizaba su progenitor, el genocida Franco,  de “la unidad de España”. Y lo sorprendente y a la vez desesperante es que le ha funcionado. Con algunas de las tramas más escandalosas  de corrupción (Gürtel, Púnica, Lezo…), destruyendo y haciendo desaparecer pruebas, incurriendo en delito electoral, los ya conocidos sobres-ueldos y la Caja B, la Organización entera procesada, legislando por decreto para entorpecer y saturar la ya de por sí lenta e inoperante judicatura española, poniendo y quitando jueces y fiscales a su antojo y destituyendo descaradamente a los cuerpos policiales e inspectores de hacienda que habían destapado sus vergüenzas, todavía hoy parece increíble que esta banda de delincuentes se mantenga en el poder. Pero volvamos a lo que nos ocupa.

Poco antes de aquella consulta del 9N, en mi opinión todavía existió una última oportunidad que podría haber evitado casi de raíz la situación que vivimos en la actualidad. En enero del mismo año (2014), el Parlament Català aprobó un petición para ser presentada en el Congreso que permitía delegar la competencia para la convocatoria de un referendum al Parlament Català. La petición fue admitida a trámite en el Congreso de los diputados, pero una vez allí los partidos del régimen (PP, P$o€, UPyD y Foro Asturias) votaron en bloque y se cargaron quizá la última oportunidad para haber conseguido zanjar a través de vías “legales” el soberanismo catalán. Una vez más, la negativa a un referéndum pactado seguiría incrementando el número de independentistas en Catalunya.

Por si fuera poco, durante los últimos años del gobierno de CiU, ya fuera por pura estrategia política, por presión de los movimientos sociales, o por ambas cosas, el Parlament català aprobó hasta 25 leyes que, lejos de aquella etapa de recortes sociales, iban encaminadas a paliar algo de aquella miseria en que los gobiernos de CiU habían dejado a la ciudadanía catalana. Así se aprobaron leyes Medioambientales (contra el Fracking, por el Cierre de Nucleares..), contra la violencia de género, de impuestos a la Banca, Contra el canon digital, y algunas de las más urgentes y demandadas por los Movimientos Sociales: las leyes contra la pobreza energética y una Ley sobre vivienda que permitía movilizar un gran parque de viviendas vacías para ubicar a todas las familias desahuciadas. Todas estas leyes tuvieron su ya habitual recurso al Tribunal Constitucional por parte del PP y, o fueron rechazadas o recortadas en aquellos puntos en los que las grandes multinacionales veían peligrar sus grandes beneficios. Esta terrible injusticia para con las clases populares en Catalunya fue otra vuelta de tuerca que impulsaría todavía más ese creciente sentimiento independentista, contribuyendo además a formar independentistas de nuevo cuño, es decir, aquellos y aquellas que no buscaban una emancipación desde aquella “deuda histórica e identitaria”, sino desde ese sentimiento que surge desde la rabia, la impotencia y la humillación que supone el bloqueo desde el gobierno central para poner en práctica políticas -en forma de leyes- que en mayor o menor medida tenían algo más en cuenta a las clases desfavorecidas.

 El govern català siguió con su hoja de ruta, pensando -especialmente CiU- que como otras veces, el Estado se sentaría a negociar una salida intermedia y todos contentos. Pero no fue así. Inmersos de lleno en unas elecciones generales que tuvieron que repetirse una vez (y casi una segunda), casi nadie -solo la izquierda parlamentaria y con la boca pequeña- quiso proponer abiertamente soluciones -mucho menos alianzas- con los partidos soberanistas. Elecciones en las que el PP y Ciudadanos hicieron de la oposición al independentismo una de sus grandes bazas programáticas. Y en estas,  llegó la convocatoria de unas nuevas elecciones catalanas, en esta ocasión dotadas de carácter plebiscitario, donde se presentaban en coalición los dos grandes partidos: CDC (con Unió Democràtica de Catalunya ya fuera) y ERC con el nombre de Junts pel Sí. En estas elecciones se iba a testar por 1ª vez el músculo social con que contaba el independentismo. Y el resultado en votos estuvo muy parejo. El independentismo ganó en escaños y los no soberanistas, por muy poco, en votos. A partir de ahí, se jugó una partida en la que las CUP consiguieron que Artur Mas fue descartado como candidato a la Presidencia. Entonces apareció en escena Carles Puigdemont, un perfil de la antigua CiU pero de la rama más independendista.

Entre la toma de posesión de Carles Puigdemont como President -en enero de 2016- y el anuncio -en septiembre del mismo año- de la convocatoria -para septiembre de 2017- de un referéndum vinculante, pasaron 9 meses en los que todavía no había gobierno central investido, y eran posibles, o una investidura, o unas terceras elecciones para las que por supuesto NADIE quería perder votos bailando con la más fea: el “separatismo catalán”. Como se suele decir: “entre unas elecciones y otras, la casa sin barrer”. Llegó la convocatoria del referéndum, y al mes siguiente Mariano Rajoy fue investido presidente, con el beneplácito del P$o€. Aun así, todavía hubo casi un año hasta la llegada del punto de no retorno -el 1 de octubre de 2017- durante el cual tampoco se quiso buscar una salida política negociada que evitara lo que a todas luces era casi inevitable.

No es cierto que desde el independentismo catalán no se haya dado las suficientes señales (consulta 9N, elecciones de 2015, movilizaciones cada vez más masivas, peticiones al congreso, etc…) que indicaran que se buscaba una salida pactada para solucionar esta cuestión, antes de llegar al referéndum del 1-O.  Las constantes negativas, la cerrazón política y la instrumentalización electoral que hicieron siempre los partidos autodenominados “constitucionalistas” sin voluntad alguna de evitar la colisión, han sido determinantes para llegar al momento actual. Es más que posible que una parte de ese soberanismo catalán, no creyera que se iba a llegar a estos extremos, y estuvo jugando con fuego, sin saber que podía quemarse. La otra parte, la más convencida, parece que tampoco previó lo que podía suceder caso de llegar a la declaración unilateral de la independencia. “No estábamos preparados” dicen ahora algunos que el 27 de octubre celebraban como una fiesta la República catalana.

Y LLEGÓ EL 1 DE OCTUBRE…

Las semanas previas al 1 de octubre, fueron una confirmación de los peores presagios. El gobierno del PP que llevaba repitiendo dos años el mantra del “cumplimiento de la Ley y del Estado de derecho”, se los pasó -una vez más- por el forro y, haciendo gala de su ramalazo más autoritario heredado de su genética franquista, hizo el ridículo más espantoso: registró imprentas y Medios de comunicación,  requisó urnas y papeletas y detuvo a funcionarios de la Generalitat que, supuestamente habían participado en la organización del referéndum. La Guardia Civil cerró cientos de Webs a través de las que se daba información censal para votar el 1 de octubre. A cada paso autoritario que daba el Gobierno intentando reprimir el engranaje creado para el 1 Oct, nacían 10000 independentistas más. O al menos, iba creciendo el número de personas que creían en el derecho a decidir. No demasiados han querido ver esta represión desatada, más propia de un Estado dictatorial, cegados por ese eslogan falangista repetido hasta la saciedad “por la unidad de España” y por un orgullo patrio basado exclusivamente en una bandera rojigualda que cada vez me produce más náuseas.

El bochorno más grande se produjo en los días previos al 1 de octubre, en los que pudimos ver, avergonzados y con mucha tristeza cómo había grupos de gente que despedía entre vítores a los convoyes de la Guardía Civil que se dirigían a Barcelona para -otra vez- “luchar por la unidad de España”. En esos videos se oía a la turba enfervorizada jaleando a sus héroes del tricornio: “a por ellos, oeee!!”. Debo reconocer, que no he sentido más vergüenza ajena en mi vida. Aquel día pensé que el franquismo sociológico, que había estado latente, pero agazapado hasta el momento, se había desatado y sacaba pecho ya sin ningún complejo. Un ejercito de más de 10.000 policías y Guardias Civiles pro-disturbios armados hasta los dientes, atracaron en el puerto de Barcelona para impedir que el pueblo catalán decidiera por sí mismo metiendo un papelito en una urna. Si no fuera porque llegaron en un crucero decorado con los Looney Tunes, la imagen todavía habría sido más terrorífica. Se confirmaba la militarización y el Estado de Sitio de Barcelona.

Del día del Referéndum, hay poco que decir que no se haya dicho ya, o mejor, que no se haya visto. Brutalidad policial a raudales y sin contemplaciones, con más de 1000 heridos producto de los porrazos, puñetazos y patadas por parte de aquellos que “iban a defender la unidad de España”. Bonita forma de hacerlo. No obstante, aquel día continuó haciéndose todo de la manera más chapucera por parte de los que mandan. Por cada urna que se llevaban por la fuerza, por cada cabeza abierta por un porrazo, por cada abuso policial, aparecía más gente para votar, much@s de l@s cuales no habían tenido intención de hacerlo hasta entonces. Se produjo pues el efecto contrario. Cuando desatas la furia y la represión de esa manera, puede salirte el tiro por la culata.

Más allá de la poca o nula validez jurídica del resultado numérico del referéndum celebrado aquel día, lo que más me interesa es el ejemplo de organización, desobediencia y determinación que mostraron muchas de esas personas que creen en el derecho a decidir. Aunque esta elección se limite a decidir qué Estado le explota y le oprime. Un dato: las encuestas han dicho que hasta el 80% de la sociedad catalana, entre los que hay indepes y no indepes, quieren decidir en un Referéndum. Haya independencia o no, las imágenes de aquella multitud de catalanes y catalanas  de todas las edades protegiendo pacíficamente y sin miedo los colegios electorales contra patrullas enteras de gorilas armados hasta los dientes, quedarán para siempre. Podemos estar de acuerdo o no con las ideas independentistas, pero la forma y la valentía con que muchos miles de catalanes/as defendieron el referéndum aquel 1 de octubre, ya las quisiera yo para estos años atrás en los que ese Estado que hoy defiende “la unidad de España”, nos ha robado hasta los calzoncillos y no hemos sabido ni querido oponernos como tocaba.

Después de aquello, han seguido sucediendo una serie de despropósitos que tienen que ver con la falta de previsión de aquellos que organizaron esto sin saber lo que pasaría después de declarar la independencia. Ahora sí, ahora no. Se declara, pero se suspende, para días más tarde amagar con elecciones y luego terminar declarando (o no) una República catalana, que a día de hoy es más que una incógnita. Entre medias, el Gobierno central a lo suyo. Aplica el Artículo 155 interviniendo la autonomía catalana, mete en prisión sin fianza, primero a 2 representantes de los principales movimientos independentistas y después a varios de los Consellers que formaban el Govern català. Represión y más represión. Me paro en este punto, en el que muchos parece que han descubierto que en el Estado español hay presos políticos desde la entrada en prisión de los Jordis y compañía. No, amig@s. En España, hace mucho tiempo que hay presos políticos. Desde sindicalistas, activistas, titiriteros, pasando por las Operaciones Pandora y Piñata donde se encerró en prisión incondicional durante meses a anarquistas sin ninguna prueba, para luego dejarlos libres, hasta llegar a Alfon, al que condenaron a 4 años de cárcel por participar en un piquete de la huelga del 14N. El chico lleva más de 2 años secuestrado por este Estado, que quiere dar lecciones de democracia pero no es más que una panda de gánsters con delirios autoritarios.  No quiero olvidarme de 3 jóvenes del pueblo navarro de Altsasu, que cumplieron anteayer ¡un año en prisión! por una simple pelea de bar con 2 Guardias Civiles borrachos que iban de paisano.

Ahora estamos inmersos en un momento de inpass, donde Puigdemont está exiliado junto con el resto de Consellers no encarcelados, y a la vista una convocatoria de elecciones, que a mi entender no van a solucionar absolutamente nada. Si acaso, acrecentar la incertidumbre imperante a ambos extremos del Ebro.

“EL IMPERIO DE LA LEY”.

Mucha gente, más de la que quisiéramos algunos, ha terminado repitiendo como un papagallo ese mantra típico de la “Triple alianza” (PP, C’s y P$O€), sus correligionarios y la práctica totalidad de los Medios de (in)Comunicación, que dice que no “hay que saltarse el imperio de la Ley” en lo referente a las diferentes acciones de desobediencia política y civil que se han ido dando en el Procés català. Se ha gritado con furia desatada “Puigdemont a prisión” ·Artur Mas a la cámara de gas” o incluso hemos visto esa demoledora escena de dos señoras vallisoletanas de avanzada edad pidiendo llevar los tanques a Catalunya. ¿En qué momento hemos perdido el juicio? No sé si el grueso de la población española es consciente de que tenemos por gobierno a una Organización Criminal con probados delitos, procesada en la actualidad por la Audiencia Nacional, con más de 900 imputados pringados de mierda en algunas de las tramas más oscuras de corrupción que se recuerdan. Estos sinvergüenzas son los que hablan de acatar “el imperio de la Ley” mientras ellos han infringido y violado todas y cada una de las leyes relacionadas con la gestión política y económica allí donde han estado “gobernando”. Por cierto, nunca vi a multitudes pidiendo prisión o muerte para M. Rajoy, ese que sale en los papeles de Bárcenas.  La memoria es muy corta cuando no nos conviene refrescarla. Y es que es más fácil que te paguen un autobús para viajar con tu banderita a  Barcelona y clamar “por la unidad de España”.

Por otro lado, resulta casi un chiste apelar “al cumplimiento de la Ley” en un Estado que aplica algunas de las Leyes más antidemocráticas y antisociales que la UE, como la Ley Mordaza, la Reforma del código penal, el Impuesto al sol, la Ley de Montes, la anómala Ley Hipotecaria recurrida varias veces por el TJUE que permite echar diariamente a 160 familias a la calle, los montajes, las torturas y abusos policiales en comisarias y un largo currículum que deja a este país en las antípodas de la garantía y cumplimiento de los derechos y libertades civiles. Decía Gandhi; “cuando una Ley es injusta, lo correcto es desobecerla”. Si hace 90 años no se hubieran hecho huelgas, que entonces ERAN ILEGALES, jamás se hubieran logrado las jornada de 8 hora o las vacaciones pagadas. No lo olvidéis. Y no confundir nunca mais legalidad con legitimidad, y Ley con justicia. Hoy y siempre, las leyes están diseñadas para proteger los intereses de los ricos y castigar y reprimir a los pobres. Si lo dudan, no tiene más que recordar a Urdangarín esquiando en Suiza o a Rodrigo Rato navegando con su yate en las playas de Córcega.

Así, una buena parte de la sociedad catalana azuzada al principio por dirigentes políticos y sociales pero luego constituida en masa social, decidió que tras continuas negativas a permitir un referéndum de autodeterminación, no cabía otra cosa que la desobediencia. Y dando un ejemplo de pacifismo y civismo, nos dio una lección para el futuro. Nadie te regala nada.  El eslogan de “la unidad de España”, la iniciativa de poblar los balcones de media España de rojigualdas, unido al discurso del odio irracional al independentista, ha conseguido hacer brotar lo que llevaba décadas aletargado: el franquismo sociológico y el fervor patriótico español sin más razón que la de someter y humillar a quien solo quiere decidir si compartir fronteras con esta España de pandereta o quedarse en ella. Durante este último mes y medio, hemos visto sacar pecho a la ultraderecha en todas las manifestaciones españolistas con sus banderas franquistas y sus símbolos nazis, donde no podía faltar el brazo en alto entonando “el cara al sol”. En todas ellas, especialmente en Catalunya, pero también en otros puntos del Estado -como en nuestra blavera Valencia- se han producido agresiones y palizas de estos energúmenos a personas, ya fueran independentistas o gente que pasaba por allí.

Estamos entrando en una vorágine peligrosa, donde fascistas, verdaderos canallas reaccionarios, salen impunemente a pegar palizas a quien no besa la bandera rojigualda o grita “arriba España” odiando a “esos catalanes separatistas de mierda”.  Y no nos damos cuenta de que eso es precisamente lo que conviene a quienes son como mínimo corresponsables de esto, y se encuentran muy a gusto en la Moncloa, riendo mientras tomán champagne y ven en TV cómo nos damos de hostias por dos trozos de trapo que en realidad no significan nada y que desde luego, no nos van a sacar de la miseria social en la que nos encontramos.

EL PAPEL DE LOS “MIEDOS” DE COMUNICACIÓN

Es curioso el nombre con que han bautizado al procés català en  los grandes Medios de manipulación masiva: “el desafío independentista”.  Más curioso todavía es que NUNCA le hayan llamado “desafío” a los grandes problemas que amenazan desde hace años a los habitantes de ese país llamado España y por extensión al mundo entero. Ni los Medios, ni la clase política gobernante, habla jamás de “desafío por el empleo”, o “desafío por la pobreza”, “desafío contra los desahucios”, o “desafío climático”, o “desafío ecológico” y mucho menos “desafío por la violencia de género”. Da la sensación de que estos y otros “desafíos” a día de hoy sin resolver, no cuentan ni para la agenda política, ni la parrilla informativa y no digamos ya, figuran entre las principales inquietudes de los y las que debemos enfrentar estos enormes y auténticos desafíos. Del “desafío a la corrupción” mejor ni hablamos, teniendo en cuenta que todo el putrefacto sistema judicial está infectado de la misma corrupción que debería combatir, y que por cierto no tiene ninguna intención de erradicar.

Durante los últimos 3 años y especialmente en los últimos meses, todos los grandes Medios de (des)información de este país han contribuido con toda su poderío mediático a extender el discurso del odio, la intolerancia y la criminalización hacia todo lo que oliera a independentismo. Mentiras, medias verdades y horas y horas de manipulación para crear opinión y consolidar los mantras del “imperio de la Ley” o “la unidad de España”. Tertulianos y todólogos han escupido barbaridades y falacias para azuzar y provocar el conflicto en las calles. Pero se han encontrado una y otra vez con una respuesta serena, pacífica y civilizada de aquellos que a día de hoy solo querían su derecho a decidir. Solo el tiempo, y no un tribunal, juzgará los crímenes contra el periodismo y la información que han cometido y que cometen a diario los grandes Medios españoles.

VALORACION PERSONAL

Por último, y después de este larguísimo e interminable artículo en el que seguro, me he dejado muchas cosas y en otras me ha faltado profundidad, quiero dejar mi posición al respecto, para que no digáis que no me mojo.

Los que me conocen, saben que no soy independentista. Como anarquista, no creo en la figura del Estado y por tanto, en principio nunca estaré a favor de la creación de otro nuevo. Ahora bien, después del recorrido cronológico hecho en estas líneas sobre el Procés, creo firmemente que se podía haber evitado en numerosas ocasiones llegar a este punto que creo de no retorno. Y digo de no retorno, porque la ruptura de una parte muy importante del pueblo catalán es definitiva. Si se hubiera permitido celebrar el dichoso referéndum en años anteriores, como en el caso escocés o de Quèbec, esta situación no existiría. Hay que buscar responsables. Y están en la Moncloa o en la Calle Ferraz. Yo creo en el derecho de autodeterminación de los pueblos, aunque no esté recogido en la sacrosanta  e intocable Constitución. Y mis ideas además, van más allá de la autodeterminación sobre Estado español o catalán o sobre monarquía o república. Yo quiero decidirlo TODO. Diréis, “eso son tonterías de un chalado utópico”. Puede que sí, pero repito que es absurdo conformarse con votar cada 4 años y delegar absolutamente todo en un grupo de personas que poco o nada tienen que ver con las necesidades del pueblo. El derecho a decidir solo es un minúsculo paso en la muy limitada capacidad de participación al que aspirar en esta democracia burguesa y autoritaria. Y fíjate, ni eso quieren permitir.

Y por supuesto, entre ponerme del lado de los hijos y nietos del franquismo que aspiran a continuar el legado de sus padres reprimiendo la disidencia a sangre y fuego, o ponerme del lado de los que al menos con sus acciones cuestionan un régimen putrefacto que lleva perpetuado desde 1978, elijo lo segundo aunque no comulgue con sus ideas. Como decía creo, Voltaire; “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero pelearía para que pudieras decirlo”. No está en juego la independencia de Catalunya. Están en juego las libertades y derechos civiles que, sin darnos cuenta, nos están arrebatando delante de nuestras narices.

Como he dicho, lo más interesante y -aunque pueda parecer una barbaridad- positivo que a mi entender ha tenido el procés català ha sido precisamente el desarrollo del mismo y no el desenlace que de momento ha tenido, cuyo primer y mayor logro ha sido el cuestionamiento del régimen sellado y firmado en el año 78 a través de una Constitución, cocinada en despachos por ex ministros franquistas y un grupo reducido de señores que dejaron “atadas y bien atadas”  las bases de un “Movimiento Nacional” que durante 40 años reprimió a sangre y fuego el genocida y dictador Francisco Franco. Esa operación de gatopardismo que buscaba cambiar algo, para que nada cambiase, permitió que los asesinos y torturadores de cientos de miles de republicanos y anarquistas fueran amnistiados sin ni siquiera haber sido juzgados. “No reabráis las heridas” dicen algunos. Que me perdonen, pero no se puede reabrir una herida que NUNCA se ha permitido cicatrizar. El Procés no ha hecho más que desmontar el escenario de papel cuché dibujado por esos pactos de la Moncloa de hace 40 años, que se desmoronan cual castillo de naipes. Y la putada es que estamos como entonces pero con el agravante de que la conciencia de clase que entonces tenían nuestros padres y abuelos, ha desaparecido casi por completo. Ahora la juventud está a otras cosas; busca Pokémons en la calle o anhela el último modelo de iPhone. La izquierda institucional, cuyo edulcorado discurso ha sido absorbido por este régimen, tampoco está para grandes revoluciones y seguro va a perder este tren que pasa por Catalunya y quien sabe donde nos llevará.

Si yo viviera en Catalunya no sé que habría hecho. Por llevar la contraria a los sinvergüenzas, probablemente habría ido a votar el 1 de octubre y quién sabe, quizá hasta hubiera votado la salida de este manicomio llamado España. Y eso que a mi las urnas, ni fu ni fa. Desde fuera, sin embargo, las cosas se ven de otra manera, quizá porque no hemos sufrido tanta represión y humillación en tan poco tiempo como buena parte de la sociedad catalana en estos meses. Pero eh!, tiempo al tiempo. Por poner solo un ejemplo. Mientras todo el foco mediático estaba puesto -con toda la intención- en el referéndum catalán y la DUI, ese Estado español que “protege la unidad de España” dejó arder media Galicia y mandó un ejercito de antidisturbios a machacar a los vecinos y vecinas murcianos que protestaban para que el paso de las vias del AVE por Murcia no suponga la construcción de un muro que parta la ciudad en dos. Solo piden que soterren las vías. ¿os suena esto buñoleros?

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Desde el pueblo del interior de Valencia donde vivo, no me gustaría que Catalunya se independizara. He trabajado 3 años allí. Son muy necesarios y tienen una cultura de lucha y cooperación que es un ejemplo. Creo además que, especialmente l@s valencian@s tenemos muchas cosas en común con nuestros herman@s catalanes, entre ellas ¡nada menos que una lengua!, pero ¿quien soy yo para decidir por ellos? ¿y quienes sois todos aquellos que demostráis un odio tan irracional hacia todo lo catalán para decidir por ellos si se quedan o se marchan de España?

No comprendo esa intolerancia y negativa de algunos a que el pueblo catalán pueda decidir sobre su territorio, al tiempo que se rezuma ese odio tan repugnante hacia ellos. Aquí, en el País Valencià siempre he observado, mucho antes de todo esto, un anticatalanismo estructural que poco tenía que ver con el rechazo hacia las ideas independentistas. Por eso encuentro totalmente absurdo y fuera de lugar odiar tanto a alguien y al mismo tiempo querer que permanezca a tu lado.

Es muy difícil saber hacia dónde camina esto. Se ha abierto una brecha muy importante en todo el país y no podemos echarle la culpa al independentismo. Quizá el Procés solo haya precipitado algo que teníamos que haber resuelto hace ya muchos años. Y como entonces no nos dejaron hacerlo, nos encontramos con que “de aquellos polvos, estos lodos”. Ha llegado la hora de la verdadera transición, y no aquella farsa que nos vendieron durante tantos años. Si no aprovechamos este momento para constuirla desde abajo, los de siempre volverán a imponer el statu quo.

Y si pasa otra vez, no habrá más trincheras. Habremos perdido para siempre.

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Mi otro 15-M

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Después de 6 años y cuatro entradas en este blog sobre el 15-M, va quedando ya poco que escribir en esta fecha tan importante para mi, que no haya dicho ya. Cómo irrumpió en mi vida, los logros que consiguió, balances de situación del movimiento, cómo mutó, mi visión personal del mismo, qué ha sido del 15-M, o qué hubiera pasado de no existir. Después de varios análisis desde lo político, lo ideológico,  desde la perspectiva social del activista y militante sobrevenido, o desde esa mirada relacionada con el crecimiento personal, queda por contaros todo aquello que, por caprichos del libre albedrío y de las consecuencias derivadas de formar parte de todo aquello que ha rodeado al 15-M, ha sobrevenido en mi vida personal. Quizá no es la visión más interesante para el perfil de lector/a de este humilde blog, pero sin duda es ahora mismo la más importante para el que escribe, en estos tiempos tan oscuros, de tan pocas alegrías y tantas ilusiones truncadas desde aquel mágico 2011.

Como ya dije en entradas anteriores, a muchos nos tocó tan fuerte el espíritu quincemero y tantas energías y perspectivas pusimos el él, que, especialmente en sus 3 primeros años, participábamos de cada lucha, de cada iniciativa, sin dejar apenas tiempo para otra cosa, llegando a militar no solo en la Asamblea popular del 15-M de tu pueblo/barrio, sino en cualquier colectivo nacido al calor del 15-M, además de aquellos jóvenes e incipientes movimientos que ya existían antes de él.  Tal fue el caso de la Plataforma de afectados por la hipoteca (PAH), cuyo nodo levantino nacía en Valencia un sólo mes antes del 15-M. Después de 3 años (2012-2015) de militancia en la PAH, con sus muchas alegrías y victorias y algunas decepciones y experiencias desagradables, lo mejor y más grande que me aportó ese colectivo fue conocer a la que hoy es mi compañera de camino en la vida: Gema. Mi encuentro con ella no fue de cuento de hadas ni reviste apenas romanticismo. De hecho, creo que al principio ni siquiera reparó en mi presencia ya que, como es comprensible, andaba preocupada y angustiada por luchar y resolver su dramática situación personal. Nuestra relación se fue forjando a fuego lento, como esas grandes revoluciones que estallan cuando menos lo esperas. Aquel beso furtivo en aquel lugar que solo ella conoce, cuando ella más lo necesitaba, unió nuestros destinos, quien sabe hasta cuándo…

Las batallas que hemos librado juntos en la PAH, darían para 4 o 5 entradas más en este blog, y no es hoy el momento de contarlas. Baste decir que Gema, aunque no participó en los inicios del 15-M, es de esas personas que encarnan a la perfección aquellas sensaciones tantas veces descritas por un servidor y que terminaron por enamorarme, no solo del movimiento, sino tambień de ella. Empoderamiento, generosidad, solidaridad, resiliencia, entrega y compromiso, hacen de ella una mujer increíble. Compartir tu vida con una persona, significa aceptar todo lo que es importante para ella y que forma parte de su vida. Su hijo Kevin, de 13 años, es un chaval tímido a la vez que despierto, creativo, hecho y curtido por los duros momentos que le costó vivir y padecer junto a su madre.  Una personita especial, con una extraordinaria madurez y amabilidad que no son habituales en chavales de su edad. Él es otra bonita y enriquecedora consecuencia que me he encontrado, como por arte de 15-M.

Los tres años que llevo compartiendo mi vida con Gema y Kevin, han hecho de mi una persona distinta. Igual que el 15-M hizo con mi conciencia, ellxs dos han revolucionado el terreno de mis emociones más ocultas. Producto de eso que llaman amor, nació hace ya casi 5 meses nuestro hijo Guillem. Él, sin saberlo todavía, ha sido el fruto de los avatares de un movimiento social que provocó la conexión entre personas que de otro modo y en otras circunstancias, seguramente ni se hubieran encontrado. Tejió una red neuronal que, aun sin capacidad para cambiar el mundo –ya nos gustaría–, sí ha servido para transformar mi vida de una manera que jamás imaginé. Experiencias personales como el amor vivido intensamente, la paternidad y otras muchas colectivas como la solidaridad, la acción directa y la militancia en todos los aspectos de la vida,  son muchísimo más de lo que tenía antes del 15 de mayo de 2011.

Hay quienes dicen a día de hoy, que el 15-M no sirvió para mucho. Algunos incluso dirán que para nada. Hoy puedo decir que a mi, personalmente me ofreció mil motivos para luchar y muchas razones para amar. Entre ellas destacan tres: Gema, Kevin y Guillem. Creo que no es poco y que, al menos en mi caso, merece una celebración personal, desde dentro y compartida, cada uno de los años que me resten de vida.

No es esta una ñoña oda de un nostálgico sobre una secta de perroflautas. Es un sincero canto de agradecimiento hacia un acontecimiento que cambió mi vida y la de muchas personas para siempre. Algo que te marca de esa manera, no se olvida tan fácilmente.

Feliz 15-M a tod@s aquell@s que vivimos intensamente lo que ocurrió en aquellas plazas, en cada una de las experiencias y momentos. En aquella larga conversación entre iguales. A aquellxs que hoy, tenemos la enorme suerte de disfrutar cada una de las consecuencias que han derivado de la participación activa en este movimiento al que cada año rindo un pequeño y sentido homenaje en este sencillo espacio virtual.

La emoción y las vivencias de las Plazas, las luchas y el recuerdo de todo lo bueno que nos dejó el 15-M siguen intactos a pesar del paso del tiempo. Día tras día, año tras año, debemos regarlo para que siga creciendo en nosotr@s.

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Urge priorizar activismos

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El otro día, un compa se quejaba por twitter de la situación desigual que se produce a la hora de solidarizarse, y compartir para dar voz a unas luchas por delante de otras. Situación que tiene un reflejo en en las redes sociales, pero que no es más que la realidad palpable que se respira  cada día en la vida real, en los ambientes y círculos activistas más allá de las pantallas de móviles y tablets.

Vaya por delante que cada unx dedica su tiempo,  sus energías e inquietudes a los proyectos, colectivos y organizaciones que le apetecen. Faltaría más. Pero no es menos cierto, que quienes andamos metidxs en algún jaleo porque rechazamos de pleno el estado actual de las cosas, consciente o inconscientemente nos enrolamos en luchas que tienen que ver con lo más cercano, lo inmediato, es decir, aquello que nos afecta como individuxs: la vivienda, el curro, la igualdad de género, la educación, los derechos de lxs migrantes, etc…De tal manera que dedicamos nuestra pulsión como activistas a los innumerables daños colaterales que genera este sistema criminal y lo hacemos enfocándolo desde un cortoplacismo que a veces nos aleja de una perspectiva mucho más amplia y de mayor importancia para nuestra existencia a medio y largo plazo: la lucha por la conservación de nuestra gran casa. Esa donde vivimos todxs y que no entiende de vallas, muros y fronteras. La Madre Tierra. El lugar al que pertenecemos, que nos vio nacer, y que nos verá morir.

Generalmente, la mayor parte de las luchas de dan en el entorno urbano, donde mas concentración de población existe, y por tanto donde se generan la mayor parte de los efectos inmediatos del capitalismo sobre las personas. Por lógica, habrá una tendencia a formar parte de luchas relacionadas con la pobreza, el desempleo, la violencia machista, los desahucios, la represión policial y criminalización de la protesta social, las redadas racistas o el estado de la sanidad y educación públicas. Porque a estas alturas de la función, hasta el más necio lo intuye. TODO está francamente jodido. Por tanto, el hecho de vivir en el hacinado espacio urbanita, lleva a aquellxs quienes, bien por pura supervivencia, bien por pura conciencia social o bien por ambas razones, a dedicar esfuerzos y recursos a combatir aquello que se ve y se sufre cada día en las grandes cities capaces de fabricar miseria y dramas personales por doquier, a la vez que prometen falsas y pírricas posibilidades para apenas paliar los múltiples problemas a los que te aboca diariamente el capitalismo.

El campo, los ríos, los montes y los parajes naturales quedan por tanto, lejos de esas pobladas ciudades que acumulan buena parte de aquell@s potenciales activistas que intentarán, a pesar de tener en contra todos los mecanismos de represión que genera el Estado, dar respuesta a los crueles efectos del sistema que afectan directamente a las personas. Pero ocurre que las zonas interiores, mucho menos pobladas, y alejadas de grandes ciudades y zonas urbanas , tampoco están exentas de la codicia y la acción depredadora y destructiva de ese monstruo despiadado llamado Capitalismo. Alejados de las grandes zonas de aglomeración urbanas, están nuestros bosques, prados, acuíferos, parques naturales, lagos, ríos.. y la mayor parte del pulmón verde que nos da la vida en forma de oxígeno, agua, energía, y demás recursos que la ciudad consume indiscriminadamente a diario. No so personas, pero sufren igualmente. Y lo que es más grave, son el medio en el que vivimos y al que pertenecemos.

Todo este rollo viene a cuento, porque los grandes retos a los que nos tendremos que enfrentar en no muchos años: desertificación, sequías, inundaciones, deshielo,  escasez de agua potable, peak oil, contaminación atmosférica y en general, todo lo relacionado con el calentamiento global, lamentablemente suelen pasan a un peligroso e imprudente 2° o incluso 3er plano en el orden de prioridades de aquellas personas con mayor conciencia social. Proyectos devastadores de megaminería, fracking y demás actividades extractivistas en zonas verdes y vírgenes (las pocas que van quedando), amenazan con adelantar todavía más el inminente colapso ecológico que se avecina. Centradxs en paliar las calamidades que enfrentamos a diario, no somos capaces de dar la importancia que merece a la lucha por la vida, que no es otra que la lucha por la preservación del medio donde coexistimos con otros animales y el resto de biodiversidad que nos rodea. Ya no es una cuestión de ser más o menos ecologistas. Es que nos va la vida en ello. Especialmente la supervivencia de nuestras generaciones venideras y las del resto de especies animales y plantas. La lucha por la vida se antoja absolutamente prioritaria y desde luego, extremadamente urgente.

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Resulta más que evidente pues, que necesitamos muchos más recursos humanos para oponernos férrea y radicalmente a las continuas agresiones medioambientales que se dan fuera de las ciudades y de esta manera hacer frente a los graves problemas que debemos enfrentar en las zonas rurales y verdes, donde se juega la batalla por las riquezas y recursos naturales, objeto de la codicia capitalista.  Ese antropocentrismo que caracteriza al homo Economicus de la decadente era actual, está prácticamente desprovisto de toda conciencia medioambiental. Una conciencia que le salvaría de un fatal destino que por otra parte, a día de hoy parece casi inevitable.

No es cuestión de tener más o menos afinidad  hacia un tipo de activismo u otro. Es cuestión de supervivencia. Faltan activistas medioambientales. Quienes afortunadamente (todavía) podemos elegir en qué dedicar el tiempo que nos queda para mantener un compromiso social con alguna de las muchas causas que permanecen abiertas y a las que nos aboca esta lucha a vida o muerte contra el Capitalismo, deberíamos optar por dedicar esfuerzos en la más básica y primaria de las luchas: LA LUCHA POR LA COEXISTENCIA EN EN LA MADRE TIERRA. Ello, y la posibilidad de dejar a nuestrxs hijxs algo diferente a un planeta lleno de ruinas, escombros, destrucción,  mares y ríos envenenados y millones de toneladas de basura.

Es hora de priorizar nuestros espacios de compromiso social, aunque con ello haya que aparcar temporalmente, luchas y frentes también necesarios,  que en el mejor de los casos atajan de forma individual y temporal, problemas que se antojan casi insignificantes, comparados con los retos y peligros en materia ecológica y medioambiental que deberemos afrontar más pronto que tarde en el medio plazo. Ha llegado el momento de dejar de pensar tanto en Derechos Humanos y empezar a pensar en los “derechos” de la Madre Natura. Recientemente, los nativos norteamericanos Sioux de la reserva de Standing Rock en Dakota del Norte, nos han dado una bonita lección de esto. Sigamos su ejemplo.

Hoy más que nunca, se hace necesario pensar y actuar sobre lo que está por venir. Nos lo jugamos todo. Nada más y nada menos que la vida en el Planeta Azul.

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Nada está escrito hijo mío…

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Estaba pensando en las continuas vueltas que da esta vida loca que nos ha tocado vivir a unos y malgastar a otros. Vidas que cada día, y a través de ese enigmático atributo humano llamado libre albedrío, cambian radicalmente en cuestión de segundos. Vidas llenas de instantes en los que una decisión lo cambia todo. Y precisamente eso es lo más emocionante y a la vez incierto que tiene el proceso vital. Que solo el inexorable paso del tiempo nos saca de las dudas, los temores, y de las espectativas e ilusiones generadas a partir de cada una de nuestras elecciones.

Hace poco más de un año y tras mucho pensarlo, decidí (o al menos creí hacerlo) que mi tiempo para ser padre había caducado. Tenía 40 años. No es que fuera tan mayor como para descartarlo, pero varias razones me empujaban hacia una elección, para algunos egoísta, para otros prudente, aunque en ambos casos consciente, que determina y condiciona definitivamente el transcurso de nuestras existencias. Por mi edad, y sobretodo por la de mi pareja (38), debía tomar un camino pronto: o decidirme a ser padre, o evitarlo poniendo medios que fueran más allá de que mi pareja siguiera hormonándose más tiempo. Quizá estas prisas biológicas, junto a mis más que fundadas dudas y preocupaciones acerca de traer un hijo a un mundo tan terriblemente jodido y con tan poco futuro como el actual, fue lo que determinó que en aquel momento decidiese ir al médico de cabecera quien, después de preguntarme en repetidas ocasiones si “estaba seguro”, me hizo un volante hospitalario para visitar al urólogo y empezar así el proceso para hacerme la vasectomía.

Sin embargo, tras la conversación de aquella visita en la que expuse a mi médica mi decisión de pasar por una una intervención que me impediría tener hijos de forma permanente, mis dudas, lejos de disiparse empezaron a aumentar. En cualquier caso, salí de la consulta con una cita para el 16 enero con el urólogo. De alguna manera, esa fecha marcaba ya el principio de un proceso irreversible, lo cual me hizo comprender por 1ª vez la tremenda relevancia que adquiría la decisión que acababa de tomar. Aquel día,  tuve la sensación de que había tomado una decisión desde la parte más racional de mi ser, sin escuchar apenas el impulso vital y biológico de nuestro cerebro reptiliano. Había tomado una decisión desde la más absoluta consciencia, sin embargo me sentía más inseguro y confundido que nunca. A partir de entonces tenía apenas 2 meses para echarme atrás, o seguir adelante con mi decisión. El reloj del destino había echado a correr.

Durante el mes siguiente volví a repasar mentalmente los pros y los contras que suponía la decisión que acababa de tomar. De repente, me di cuenta de que no estaba sopesando las posibles ventajas que albergaba la vasectomía, sino solamente los incovenientes. Pensé que no iba a poder estrechar la manita de mi hijo recien nacido. Tampoco iba a vivir la sensación de verlo crecer, de tropezar y levantarse, de verlo llorar y reír, del calor y la ternura de abrazarlo…de quererlo. Demasiadas cosas que perder y a las que renunciar y sin embargo ¡todavía tenía dudas!. Hablé con algunos amigos y les expuse esas dudas. Todos sin excepción, coincidieron en decirme que era un error no vivir la paternidad, y más teniendo en cuenta que yo era “muy chiquillero”. Yo les decía que desde hacía unos meses ya estaba viviendo, eso sí, con un preadolescente, algo muy parecido a la paternidad. Ellos me decían: “Sí, pero te has perdido lo de antes?“. Supongo que durante unas semanas estuve buscando excusas para reafirmar una decisión que, mirando atrás, quizás no estuvo bien meditada. Pero asi son algunas decisiones. Que cuando son “en diferido”,  y por tanto no son inmediatas,  su caracter de provisionalidad nos da una prórroga para reflexionar más profundamente y quizás descubrir que tu verdadero yo, desea justamente lo contrario.

Llegó el mes de enero y con él, el día de la cita con el urólogo. Para aquel día, ya había tomado “la otra” decisión. Quería tener un hijo con Gema. No sé lo que cambió en mi. Simplemente descubrí que a pesar del futuro tan negro y complicado que les espera a los más pequeños y a los que están por venir, no debemos reprimir, si la sentimos, una pulsión tan ancestral y biológica como es la de crear una nueva vida. Durante aquellos días de intensa reflexión, me vino a la cabeza aquella frase de Martin Luther King que decía “Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo hoy todavía plantaría un arbol”. Aquella cita me hizo decidirme. Por decadente, autodestructivo y cruel que sea este mundo en el que vivimos y por irremediable, irreversible y  fatídico que sea el destino que nos espera como especie, la vida tiene que seguir creándose. Si la fauna (la que queda) sigue procreando, y la flora, cuando no la talamos o la quemamos, sigue floreciendo, ¿por qué no habríamos los humanos de seguir completando nuestro ciclo vital a pesar de todo?

En una sociedad como la actual, donde lo considerado “racional” viene muchas veces impuesto por un sistema que te incita a seguir su propía lógica absurda, destructiva, alienada y desprovista de toda humanidad, conectar con nuestros instintos más primarios, quizá sea la mejor manera de romper algunos de esos miedos e inseguridades que nos insufla este cruel sistema que alimentamos cada día y que nos consume cada hora. El proceso vital debe seguir su curso aunque la esperanza en un mundo diferente se aleje cada vez más. No podemos sino continuar creando vida mientras asistimos a la vez como protagonistas y espectadores, a nuestro declive como especie. Una metafora perfecta pero amarga sobre la vida y la muerte.

Tres meses más tarde, en abril, Gema me dio la noticia. Estaba embarazada. A partir de ahí, ya no había vuelta atrás.El reloj,  esta vez imparable, se ponía de nuevo en marcha. Iba a ser padre. ¡Y solo 5 meses atrás había decidido hacerme la vasectomía! Recuerdo quedarme con la boca abierta. No reaccioné hasta pasadas 2 horas tras las que me invadió una sensación indescriptible, una excitación y una emoción que no había experimentado antes. Supongo que cuando empiezas a interiorizar que formas parte de un proyecto tan grande como la creación de un nuevo ser, algo se despierta en tu interior y parece que una energía y un entusiasmo renovados llenan tu espíritu.

Ya han pasado prácticamente los 9 meses. Gema y yo estamos a poco más de 2 semanas de ser padres de un niño. Es mi primera vez. Tengo inmensas ganas de verle y una especial curiosidad por ver el fruto que ha dado esta bonita historia de (in)decisiones, dudas y giros de 180º que se ha escrito alrededor de mis inseguridades sobre la paternidad.  A partir de ahora se abre para mi, el reto más importante de mi vida. Educar a un niño en aquellos valores que yo he tardado varias décadas en adquirir y a la vez prepararlo para sobrevivir en una civilización como esta, en fase de corrosión terminal, ante la que deberá ser extraordinariamente resiliente para salir adelante. ¡Ahí es nada! Por un lado, crecerá aprendiendo lo rematadamente mal que lo hemos hecho durante la mayor parte de la historia de la humanidad y por otro, y si algún día lee estas palabras, sabrá que por muy mal que pinten las cosas y nos quieran hacer creer que deben elegir por nosotrxs, todavía somos dueños de buena parte de nuestras decisiones. Nada está escrito hasta que la pluma y el papel se funden en negro sobre blanco. Mientras tanto, una decisión no siempre es definitiva, si al tomarla generas las dudas necesarias para reconocer que ése no era el camino que te dictaba el corazón.

Que las decisiones que tomemos a veces no sean definitivas ni irreversibles, nos concede una segunda oportunidad para reflexionar sobre la trascendencia que en muchas ocasiones tienen éstas. En ocasiones, la arbitrariedad y la incertidumbre que genera nuestro libre albedrío, es capaz de transformar mágicamente dos decisiones radicalmente opuestas en una nueva vida. Una vida como la tuya Guillem. Nos vemos en muy poco.

Aun no te he visto, y ya te quiero.

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Reformar o desobedecer: una mirada a la situación de la lucha por la vivienda.

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En ese eterno e intenso debate que vuelve a ser de actualidad, y que se da entre aquell@s quienes -todavía hoy- creen que el estado de las cosas puede cambiarse a través de las instituciones, y quienes por contra pensamos que son las clases populares en su conjunto, quienes organizadas desde abajo y al margen de toda jerarquía y sus diversas formas de dominación y opresión, podremos alcanzar la emancipación total de este brutal sistema que padecemos, no podía quedar fuera su evidente transversalidad con las dos formas opuestas de conquistar un derecho tan básico, y a la vez tan repetidamente vulnerado como el del acceso a una vivienda digna. En esas lineas trataremos, con datos que recogen las experiencias y resultados más recientes, de intentar resolver cual de las dos propuestas -la institucional o aquella que plantea el conflicto en las calles- se revela más efectiva para garantizar ese derecho, recogido en el Artículo 47 de la sacrosanta Constitución.
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Como persona que militó durante 3 años en la PAH (Plataforma de Afectad@s por las Hipotecas) y por tanto conocedor del movimiento por dentro, puedo decir que este joven -y la vez veterano- movimiento social, sin parangón en las últimas décadas, ha conseguido -y consigue a diario- logros que van más allá de aquello que los firmes creyentes en el Estado creen que éste puede garantizar a través de la legislación. La PAH, con las únicas herramientas del apoyo mutuo, la cooperación y el aprendizaje colectivo ha logrado salvar cientos de vidas. Dicho así queda muy pretencioso -hasta proselitista- pero los datos y los objetivos conseguidos hablar por sí solos. A través de la desobediencia civil, la PAH ha parado más de 2500 desahucios y realojado a más de 2000 personas que no tenían ninguna alternativa habitacional. Por último, no es menor ni menos importante, el objetivo conseguido de empoderar y organizar a buena parte de una sociedad que, no solo no estaba movilizada sino que, en el mejor de los casos deambulaba por el filo de la navaja camino a la exclusión social. Eso es algo que no está al alcance de ninguna institución, ya sea ésta local, autonómica o estatal.
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Objetivo: cambiar la Ley Hipotecaria:

Tras la espectacular dimensión que alcanzó la PAH a partir de la irrupción del movimiento 15-M, donde el número de nodos y plataformas se multiplicó exponencialmente, una de las estrategias elegidas por el movimiento fue cambiar la anómala, desfasada y a todas luces injusta Ley Hipotecaria española. De manera que en 2012 redactó una ILP que regogía una demanda de mínimos y que, avalada con casi un millón y medio de firmas, fue presentada en el Congreso en febrero de 2013. Finalmente, el PP con su mayoría absolutista, se encargó de ignorar esta iniciativa, aprobando unilateralmente otro texto en forma de Ley, que parecía directamente redactado por la patronal bancaria y que nada tenía que ver con las demandas de la PAH. Después vinieron las experiencias fallidas de la efímera Ley “antidesahucios” andaluza, suspendida definitivamente en 2015, y la más reciente suspensión de varios artículos de la Ley 24/2015 catalana. En ambos casos, fueron recurridas por el Gobierno Central y suspendida su aplicación por el Tribunal Constitucional a instancias de este, por considerar “que invaden competencias que pertenecen exclusivamente al Estado”. De los dos casos, quizá el más sonado y a la vez más indignante, ha sido el de la Ley 24 catalana, cuyo origen fue el trabajo conjunto entre las más de 80 PAHs catalanas y la APE (Aliança per la pobreça energética), en forma de ILP autonómica aprobada por unanimidad en el Parlament, y que abarcaba, no solo el problema de acceso a la vivienda y el endeudamiento de las familias, sino también un daño colateral y transversal a la vivienda como es la pobreza energética. Dado que esta Ley incluía medidas coercitivas para la banca y los grandes tenedores de viviendas desocupadas, generaba un gran problema al capital financiero. Como en el caso andaluz, la patronal bancaria reaccionó utilizando al Gobierno para impugnar y suspender aquellos artículos que obligaban a los grandes propietarios de inmuebles vacíos a ofrecer un alquiler social a las familias que perdiesen su hogar por impago, y donde además se dotaba a los ayuntamientos de mecanismos para hacer uso de esos inmuebles, con objeto de aumentar un parque público de vivienda social que sigue a día de hoy en niveles ridículos.
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Recientemente ha sido la región de Murcia, la que ha visto como el propio Gobierno central -a día de hoy en funciones-, ha anunciado una vez más que presentará en brevedad, recurso de inconstitucionalidad contra la reforma de la Ley autonómica de vivienda impulsada por las PAHs murcianas, cuyo texto fue aprobado el pasado 12 de mayo por todos los partidos del parlamento murciano, a excepción del PP. Esta reforma recoge aquellos aspectos incluidos, y que fueron eliminados, de la Ley 24 catalana. Como parece demostrado, y a tenor de las fallidas experiencias que hemos relatado aquí, la vía legislativa autonómica como estrategia inicial para forzar un cambio legislativo a nivel estatal, tampoco ha resultado fructífera.

Y el activismo mordió el anzuelo

Y llegó el momento en que aquell@s activistas que nunca habían desechado la vía institucional, ya estuvieran autoconvencidos de ello, fueran seducidos por otros, o simplemente resignados a que la única vía para cambiar las cosas era entrar en las instituciones, sustituyeron la calle por los mítines y los despachos. El ejemplo más paradigmático es el de Ada Colau, fundadora en Barcelona de la primera PAH allá por el año 2009 la que decidiera, tras 5 años como cara más visible y portavoz del movimiento, dar el salto a la política insitucional y presentar su candidatura como alcaldesa a la ciudad de Barcelona en las elecciones municipales de 2015. Tras la victoria en las elecciones, con su equipo de gobierno se llevó algunos de los activos humanos más importantes de la PAH de Barcelona. Ahí empezó un proceso de descapitalización del movimiento que, si bien no afectó a la fortaleza del mismo, sí vino a poner de manifiesto que había una parte del activismo que, cansado de que le dieran con la puerta en las narices, había decidido que quería formar parte del entramado institucional “para cambiar las cosas desde dentro”. Un buen puñado de activistas de la PAH de otros puntos del Estado, tomaron el ejemplo de Colau y se presentaron en candidaturas municipales de eso que se ha venido a llamar “confluencias”. Algun@s de ell@s incluso fueron elegidxs como concejalxs. Quienes no lo lograron, o bien volvieron a su colectivo con otra decepción más,  o decidieron militar en esos híbridos de partidos llamados confluencias. Finalmente, otr@s con mayores aspiraciones, esperaron su turno para enrolarse en la “nueva política” preconizada por Podemos,  para “asaltar los cielos” en las elecciones generales y de esta manera conseguir un escaño en el Congreso.
Tras más de un año de gobierno de los autodenominados “Ayuntamientos del cambio”, no parece que las cosas hayan cambiado demasiado. En el caso de Barcelona, y con una ex activista antidesahucios al frente de la corporación, las cifras de desalojos diarios no se han reducido drásticamente como algunos esperaban. Solo en Nou Barris, se ejecutan todavía entre siete y nueve por semana. Ocho al día en toda la ciudad condal. La diferencia, según el gobierno de Colau, es que ahora “se media entre la propiedad y el desahuciado para pararlos o encontrar un alojamiento alternativo”. Pero esto último no siempre se hace efectivo. Mientras escribo estas líneas, ha sido desahuciada una madre con 3 niños y lo mejor que le ofrecieron los Servicios Sociales del Ayuntamiento es una pensión pagada durante unos pocos días. Lamentablemente esto es una realidad que se repite casi a diario. El gobierno municipal creó la Unidad contra la Exclusión Residencial (UCER), la cual según datos del propio consistorio ha detenido 639 desahucios desde enero. Quienes seguimos de cerca la situación vemos sin embargo que la PAH de Barcelona sigue teniendo que poner su cuerpo y recursos para detener muchos desahucios todas las semanas. Por otro lado, Colau prometió en campaña 8.000 viviendas sociales. De momento ha anunciado 2.000: 1.100 de nueva construcción y el resto en promociones que se supone ya están en marcha. Sin duda abrá que hacer un seguimiento para verificar este dato, que en cualquier caso resulta insuficiente.
La relación de la alcaldesa con los bancos, antaño de enemistad acérrima, no ha sido precisamente hostil. Más bien de cordialidad, aunque haya sido por puro protocolo. Es evidente que no es lo mismo estar de un lado de la trinchera que del otro. Sin apenas llegar a importunarles, el consistorio ha conseguido 550 pisos por cesión voluntaria de las entidades financieras. Recordemos que la suspensión de la ley 24/2015, por parte del Tribunal Constitucional, a instancias del recurso presentado pro el Gobierno central, impide la cesión obligatoria de los inmuebles desocupados. Además, se han impuesto 13 multas a grandes tenedores de vivienda por prácticas punibles. Un triste bagaje teniendo en cuenta que la legislación catalana sí permite estas sanciones y que solo en Barcelona hay más de 2500 viviendas vacías en propiedad de la banca, muchas de las cuales provienen de desahucios. Recuerdo que, pocos días después de la elecciones municipales y
antes incluso de tomar posesión de su cargo como alcaldesa, Ada Colau invitaba a “desobedecer aquellas leyes que fueran injustas”. Más de un año después, no se ha podido constatar ningún acto de desobediencia institucional por parte del Gobierno municipal encabezado por Barcelona en Comú. De haberse dado, nos habríamos enterado ipso facto, gracias al periodismo de alcantarilla que impregna parrillas televisivas y ondas radiofónicas. Como no podía ser de otra manera, el discurso de Ada Colau y su séquito, ha cambiado bastante, tanto en el fondo como en las formas, con respecto al que tenía en su reciente pasado como activista. Supongo que forma parte de ese proceso de metamorfosis de crísalida rebelde, a mariposa institucionalizada y servidora del orden y la Ley. Y es que no es lo mismo ocupar bancos y enfrentarse a los mossos, que mandar a éstos a desalojar Centros sociales okupados.

Si el efecto de las políticas de vivienda implementadas por e l gobierno dirigido por una ex activista devenida en alcaldesa ha sido, en el mejor de los casos insuficiente, casi mejor nos olvidamos de aquellas medidas que hasta el momento ha desarrollado una ex jueza encabezando el Ayuntamiento de Madrid. Aquel eslogan de “mandar obedeciendo”, que se puso de moda gracias a ese más que discutible “nuevo municipalismo” y que fue repetido en más de una ocasión por Carmena y su equipo de ex activistas durante la campaña electoral, sirvió únicamente como estrategia para tratar de captar el voto de un sector del activismo madrileño que posiblemente hasta ese momento ni siquiera votaba. Si el Subcomandante Marcos, al que se atribuye esa expresión y tal filosofía de autogobierno, supiera con qué fines ha sido utilizada, como mínimo se agarraría un buen cabreo. Sin duda, es en el gobierno local de la capital del Estado -otro de los autoproclamados Ayuntamientos del cambio- donde más ineficaces, decepcionantes y en muchos casos,nulas, se han revelado las políticas de Vivienda. Entre otras cosas, en su programa de gobierno, AhoraMadrid se comprometía a parar los desahucios, mejorar el parque público de vivienda y poner en uso las viviendas vacías en manos de grandes bancos o empresas. A garantizar una alternativa habitacional a todas las personas desahuciadas o desalojadas de primera vivienda, a través de los servicios sociales municipales. Incentivar la puesta en uso de viviendas permanentemente desocupadas de la SAREB, entidades financieras. Palabras grandilocuentes que suenan muy bien, pero que están muy lejos de la realidad palpable. Veamos:

Lejos de lograr detener la sangría de desalojos forzosos y de garantizar una alternativa a las víctimas, Madrid sigue siendo hoy una de las ciudades de referencia en número de desahucios diarios ejecutados, ya sean estos por impago hipotecario o de alquiler. Para paliar esta lacra, el gobierno de Manuela Carmena creó la Oficina de Intermediación Hipotecaria, donde hasta agosto pasado, llegaron pocos casos de ejecución hipotecaria y en cambio muchas familias con orden de desahucio por impago de alquiler u ocupación. Al parecer, el gobierno municipal no había previsto estos supuestos. Esta Oficina no era un ente efectivo. Demasiado burocratizado y con limitado margen legal y experiencia para negociar de tú a tú con las entidades financieras, los resultados han sido más bien discretos. A principios de 2016, el Ayuntamiento de Ahora Madrid y la SAREB firmaron un convenio de cesión temporal de un total de 300 pisos. De todos ellos, sólo se ha adjudicado uno. Al menos dos de cada tres de estos pisos facilitados por el “banco malo” al Ayuntamiento de Madrid, estaban en tan pésimas condiciones de habitabilidad que el Ayuntamiento ya ha devuelto 85 de ellos. No parece entonces, que el acuerdo con el Banco Malo haya sido precisamente una solucion para la emergecia habitacional que padecen miles de madrileñ@s. Aunque no se puede afirmar que la gestión de Ahora Madrid en materia de vivienda haya sido precisamente brillante, hay que dar al César lo que es del César. Cierto es, que el Ayuntamiento de Madrid consiguió paralizar la venta de más de 2000viviendas sociales que su precursora, la inefable Ana Botella había vendido a un fondo buitre.
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Podríamos poner más ejemplos y dar más datos de otras ciudades “del cambio” y en todos observaríamos por un lado, que a nivel municipal y dentro de los márgenes legales, no hay demasiado margen de maniobra en materia de vivienda y que fuera de ellos, tampoco se está dispuesto a poner en cuestión el orden establecido. Aprovechando la gran cantidad de elecciones, entre municipales, autonómicas y las, a día de hoy 2 elecciones -con posibilidad de unas terceras- generales, la PAH ha seguido apostando, en mi humilde opinión, desgastándose mucho y de forma errónea e ingenua, por introducir sus demandas en los programas de los diferentes partidos. Producto de ello nacieron las campañas de #ExigenciasPAH y la última, llamada #Las5DeLaPAH, donde se intentaba condicionar el voto en campaña electoral, a la inclusión de estas 5 demandas de mínimos. Como era de esperar, sólo los partidos de la denominada izquierda parlamentaria las recogieron. Aunque a día de hoy, hay hasta 3 diputad@s en el Congreso que fueron destacad@s activistasde la PAH, la correlación de fuerzas actual en el hemiciclo no permite siquiera soñar con que “la nueva política” vaya a tener la oportunidad de implementar las demandas del movimiento. Demandas que por su condición de mínimos, no tienen nada de revolucionarias. Y es que la política institucional no está ni siquiera para el reformismo. Los tentáculos y poder de coerción que tiene el capital para actuar en connivencia con gobiernos afines o corromper y extorsionar para imponer su criterio a los a priori más díscolos, no permiten imaginar un futuro en el cual la legislación garantice el acceso efectivo y universal a una vivienda en condiciones. Ejemplos de esto los hemos repasado en estas lineas.
Con estas espectativas y bajo un escenario donde no parece que los derechos vayan a caer del cielo, se antoja más que necesario volver a los orígenes más subversivos que tiene la PAH, utilizando la desobediencia civil y la acción directa (ambas han decaído en los últimos 2 años electorales), como estrategias políticas que sustituyan a esa ingenua y obsesiva ilusión por reformar un sistema en clara fase de corrosión que no ya no cederá ni siquiera las migajas. Bajo mi humilde opinión, la PAH deberá dar un paso al frente, y ser capaz de responder desde una perpectiva netamente anticapitalista. De lo contrario, corre el riesgo de perder la fuerza y el sentido que la vio nacer. Seguir parando desahucios y al tiempo, implicar y seguir empoderando y formando para el futuro proyecto del movimiento, a las miles de víctimas que diariamente son descartadas por el sistema, a través de campañas mucho más efectivas y radicales como la #ObraSocialPAH, dotando a ésta de un elemento más político y rupturista para sustituir su carácter de medio por el de fín en sí mismo. Recuperar y liberar el patrimonio expoliado para el disfrute del procomún, debe ser el objetivo a alcanzar. Hacer bueno y efectivo aquello de “la casa para quien la habita” o mejor…
tomar y hacer, en lugar de pedir y esperar.
Artículo publicado en el nº de otoño de 2016 de la Revista LIBRE PENSAMIENTO.
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Perdona Kropotkin porque he votado…

Qué difícil es ser anarquista en esta sociedad tan domesticada y adoctrinada en la obediencia y en el abnegado cumplimiento de los deberes como “ciudadanos”. Hoy, durante un instante he sido parte de esas contradicciones a las que estamos condenadas las personas que intentamos (no siempre lo conseguimos) ser coherentes con nuestras ideas, pero que en ocasiones volvemos a caer en las redes de aquello que hasta hace no muchos años era para nosotras algo inamovible. Cimientos edificados por el sistema en nuestro imaginario durante tantos años, que son muy difíciles de derribar por completo en ese breve pero intenso espacio de tiempo que ha pasado desde aquel despertar que supuso el 15-M.

Hasta el día de anteayer, estaba más que convencido de que no iba a ejercer eso que llaman “derecho a voto”.  Tan seguro como cualquier persona que tiene firmes convicciones pero que duda siempre de todo hasta el último instante. No he participado de las últimas 3 elecciones y en las 3 ocasiones me sentí bien por ello. Sin embargo, hace 3 días estuve viendo en las redes que muchxs españolxs residentes en el extranjero, gente que todavía cree en esta farsa llamada “democracia parlamentaria”, no podían ejercer su derecho a votar en las elecciones. En las pasadas y fallidas elecciones del 20-D ya se daba esta situación y la Marea Granate inició una campaña llamada #RescataMiVoto en donde se nos animaba a l@s abstencionistas a ceder el derecho a voto a aquellos electores que al residir en el extranjero y debido a la Ley del Voto Rogado se les ponían mil y una trabas para poder ejercerlo. En aquella ocasión ni aquel ultraje (otro más), originado por esa Ley aprobada por el P$O€ de Zapatero con apoyo incondicional del PP,  pudo con mi firme voluntad de no acudir a las urnas. Y ello a pesar de que Manu Ferrer, el primo de un amigo, que el 20-D estaba en Méjico, me pidió el favor de hacerlo por él.

Han pasado 6 meses y anteayer, cuando comprobaba en las redes cuánta gente como él, se iba a quedar sin poder hacer algo que querían hacer, algún resorte se movió en mi conciencia. Le pregunté a mi amigo si su primo Manu todavía estaba en Méjico. Me dijo que ahora estaba en Eslovaquia. Misma situación, mismo problema. Fue entonces cuando una pequeña parte de mi, empezó a contemplar una mínima posibilidad de hacerle ese favor. Eso fue hace 3 días y hasta el último momento del día de hoy, ha habido muchas resistencias dentro de mi que se negaban a ceder ese voto.

Estos tres últimos días no han sido de reflexión. Han sido una verdadera pugna interna entre mis ideas y convicciones y lo poco que queda de mi (y que detesto) de pragmático. Hacerle ese favor a Manu, quizá haya sido la última excusa que haya buscado mi YO ANTERIOR para hacer algo de lo que mi YO ACTUAL se avergüenza. Un YO ANTERIOR que ya casi no existe y que da los últimos coletazos antes de desaparecer para siempre. Paradójicamente, la decisión no ha sido meditada en profundidad. Ha sido un acto casi reflejo. Forzado. Muy a regañadientes. Como si no fuera yo el que ha entrado al colegio electoral.  Como si de otra vida se tratara.

Ni siquiera estaba convencido de que cederle el voto a Manu fuera razón suficiente. Aún así, lo he hecho y os prometo que ha sido una de las sensaciones más extrañas y a la vez desconcertantes que he experimentado en los últimos tiempos.  Me he dirigido a la Mesa Electoral y, a los pobres que les tocó la putada de estar en la mesa, les he explicado más o menos lo que aquí cuento, dirigiéndome especialmente a los dos interventores de PP y P$O€ para recriminarles que sus partidos eran los responsables de que casi 2 millones de exiliados y emigrantes españoles no pudieran votar. Que el que hoy votaba no era Jose Guerrero, era Manu Ferrer desde Eslovaquia. Dentro de mi, de alguna manera incluso les he culpado de la traición a mi mismo que iba a realizar. Ni eso me ha consolado. En el momento que introducía el maldito sobrecito en la urna (tapándome la nariz, por supuesto) no había en mi cara rastro alguno de satisfacción. Mucho menos de ilusión, y desde luego no había ninguna “sonrisa”. Supongo que había una mueca que expresaba una mezcla entre vergüenza y culpa. Vergüenza por haber perpetrado, aunque sea de forma indirecta,  la mayor traición que se puede realizar: la traición a tus propios ideales. Culpa porque de la misma manera, y aunque sea en nombre de otro, he validado y legitimado con ese voto, un sistema cruel y criminal del que reniego radicalmente y al que he prometido combatir hasta el fin de mis días.

Muchxs diréis, “has hecho bien” “había que echar al PP!” “necesitábamos un cambio ya!”, y todas esas excusas, que no llegan ni a razones para legitimar un sistema que sigue utilizando las Elecciones una y otra vez para perpetuarse y hacerse más fuerte, haciéndonos a nosotrxs cada vez más débiles, sumisos y dependientes de él. Siento un vacío por dentro indescriptible. No exagero. Ni de lejos os deseo esta sensación. Es la peor que se puede experimentar. Especialmente por que ni la generosidad de haberlo hecho por alguien que no podía, ni la culpabilidad por haber traicionado mis ideas, van a  servir para cambiar absolutamente NADA. Y eso es lo peor; el haber sucumbido a algo en lo que no creo en absoluto, para que todo siga igual. Al ver caer el sobre en la urna, me ha invadido tal sentimiento de derrota, que me he prometido a mi mismo no volver a hacerlo jamás, incluso aunque sea como hoy,  en nombre de otra persona.  Pase lo que pase hoy, es la última vez que lo haré.

Espero y deseo que todxs aquellxs que habéis votado con “ilusión” y con una “sonrisa”, tengáis la fuerza y el ánimo necesarios para soportar la terrible decepción que, en el mejor de los casos os causará un hipotético futuro gobierno de UNIDOS PODEMOS, porque ese momento llegará y deberéis estar preparadxs para organizar ese pesimismo y transformarlo (ojalá) en algo positivo capaz de aprender de errores como el que yo he cometido en el día de hoy. Mientras llega ese momento, hay que seguir construyendo desde abajo nuevos espacios autónomos, libres y autogestionados, para que en el futuro tengamos un pequeño sendero hecho por el que caminar hacia la emancipación total del ser humano, quien sabe si por fin al margen de elecciones y representaciones. Aunque ya no lleguemos a tiempo, es nuestra obligación seguir intentándolo.

Aunque soy consciente de ello, hoy es a mi a quien tengo que recordar que lo importante no es votar, si no las pequeñas cosas que hacemos el resto de días de nuestra existencia por cambiar este puto mundo. Me retiro pues a flagelarme y a pedir perdón al maestro Kropotkin por haberle defraudado.  Aunque haya sido por hacerle el favor a otro, me he fallado a mi mismo. Y eso duele más que mil latigazos.

¿”como va la revolución”?

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La peor puñalada de frustración es darse un baño de realidad. O peor, que te lo de otro. Ese baño, que llega a través de un jarro de agua helada que un buen día te cae de repente, supone reconocer-una vez más– lo lejos que estamos (cada día más) de alcanzar  la eterna y cada vez más lejana “utopía” de derrotar al sistema y al tiempo concebir un mundo radicalmente diferente a la abrumadora monstruosidad que padecemos actualmente.

Andaba yo el otro día por las calles de mi pueblo –ya no recuerdo ni a dónde me dirigía, ni qué propósito me movía a ello– y en esas me topé con un señor de avanzada edad, que según creo, pasa el resto de sus días en la residencia de ancianos contigua al Conservatorio, mi lugar de trabajo. Como quiera que este buen señor no está incapacitado por ninguna enfermedad ni dolencia grave, acostumbra a salir de la residencia, y a menudo se le ve en la calle y en los bares y lugares de ocio. A día de hoy, todavía no se cómo se llama, aunque él sí parece conocerme, a vida cuenta de que cada vez que me ve, me saluda con un efusivo ¡Guerrerooo!  preguntándome  en ocasiones acerca del estado de la cosa política y social.

Conozco a este hombre solo desde hace unos pocos años. Más por las cortas conversaciones que he mantenido con él, que por otra cosa, pues creo que no es oriundo de Buñol. Si embargo, por alguna extraña razón tengo una especial conexión con este despierto e inquieto abuelete (permítaseme este cariñoso tratamiento). Si mi cada vez más deteriorada memoria a corto plazo no me falla, empecé a verlo hace ya casi 5 años en las 1eras y multitudinarias asambleas de la Asamblea popular del 15-M de Buñol y más tarde, en algunos eventos y acciones promovidos por el propio 15-M  u otros colectivos sociales-parece que este hombre me haya estado siguiendo la pista- en los que he estado metido desde entonces.

Cuando irrumpió Podemos en la escena política, este señor, al igual que otras muchas personas en un pueblo no muy grande como Buñol-en el que nos conocemos tod@s-, me asociaron (de forma equivocada) con el nuevo partido. Debo decir que yo nunca he asistido a ninguna de sus asambleas y jamás me he sentido cercano a su propuesta parlamentarista. Sin embargo, si algo ha sabido utilizar y rentabilizar a su favor Podemos, es conseguir que mucha gente asocie a los activistas y movimientos sociales surgidos o reforzados al calor del 15-M, con su propuesta partidista. Pero no es esto lo que nos trae hoy aquí.

Aquel día, uno de tantos otros en los que me he encontrado con él, me formuló una pregunta que no me había hecho nunca. La pregunta más directa y a la vez más difícil, no sólo de responder, sino sobretodo de soportar estoicamente, a vida cuenta del estado actual de las cosas y del pesimismo que me invade últimamente. Dijo así:

-“Guerrero, ¿como va la revolución?”

 Es en ese momento cuando te das cuenta de lo jodido que estás. Tras el gancho propinado en toda la cara con esa pregunta, durante una milésima de segundo compruebas que has perdido buena parte de aquel entusiasmo y la firme convicción que (man)tenías hasta hace solo 2 años Aquella ilusión, ahora transformada casi en una quimera, de que todavía podíamos soñar con tumbar al sistema y crear algo diferente para este planeta y la vida que queda en él. Una pregunta que de repente te obliga a hacer un rápido y fugaz balance de situación sobre algo en que durante un tiempo has puesto (y pones) mucho esfuerzo, ilusiones y grandes expectativas, pero que se traduce en una bofetada de amarga realidad que cuesta digerir, al menos durante los primeros minutos, hasta que recuperas el control de la situación y vuelves al estado de equilibrio entre realismo pesimista-compromiso de seguir intentándolo a pesar de todo. 

Aquella no fue una pregunta que no me hubiera hecho yo mismo cientos de veces, especialmente en los últimos 2 años. Sin embargo, al hacerla alguien como este señor, alguien que de alguna manera cree que las generaciones anteriores a él, tienen las respuestas y la clave para cambiar las cosas, el análisis es bien diferente. Al margen de la cara de gilipollas que se me debió quedar, lo más difícil de asumir fue el sentimiento de impotencia, la abrumadora sensación de frustración que suponía no poder responder al abuelete con algo más o menos creíble, algún atisbo de esperanza  que al menos paliara la decepción, la preocupación que sienten personas inquietas como él ante un mundo actual lleno de odio, muerte, guerras, miseria y codicia por doquier. Personas que están ya de vuelta de todo, a las que no queda mucho tiempo de vida, y que se agarran al más mínimo clavo ardiendo para soñar que cuando ya no estén, este mundo será menos malo.

Tras la pregunta, apenas pude articular palabra. ¿que le iba a decir? ¿que “cómo iba la revolución”?  ¿qué revolución? Aquel conato de revolución con la que yo soñé durante un tiempo se ha ido consumiendo con la resignación, la apatía y el conformismo que ya coexistían antes de llegar aquel soplo de aire fresco que me devolvió a la vida: el 15-M. Eso, unido a la absorción de parte-no todo afortunadamente-de aquel espíritu  por parte de “la nueva política institucional” y sobretodo al miedo a cambiar, un pánico devenido en rechazo a construir un relato distinto al pensamiento único, ese dogma capitalista del que la mayor parte del rebaño no está dispuesta a desprenderse, es lo que me paralizó impidiendo que pudiera responder a mi viejo interlocutor.

Habrá quien lea este texto, y seguramente pensará “ya te lo decía yo Guerrero. No hay nada que hacer” o “las cosas son así, y no se pueden cambiar”. Yo, sin embargo, y a pesar del tremendo pesimismo y resignación que por momentos pueda destilar este post, sigo estando en absoluto desacuerdo. Se pueden, y se deben seguir haciendo cosas para cambiar, o en el peor de los casos, mejorar este mundo tan enfermo. En nuestro pequeño microcosmos, empezando por uno mismo, y continuando por el pueblo, barrio, asociación de vecinos, asamblea de parados, sindicato o movimiento social, tenemos la oportunidad y la responsabilidad de continuar luchando, aunque el colapso ecológico sea ya imparable y la vida a medio plazo en este planeta sea ya inconcebible.

Solo por una cuestión de principios, de dignidad y de conciencia, debemos estar ahí hasta el último día. No nos puede frenar el pesimismo. Quizá debamos reconducir esta sensación para dosificar, priorizar y dirigir nuestros esfuerzos hacia cosas y objetivos cercanos,  tangibles. Esas pequeñas cosas que sí están en nuestras manos que suman, y que animan a seguir soñando con metas que hoy por hoy, seamos realistas, se antojan casi inalcanzables. No obstante, no por inalcanzables, debemos renunciar a ellas. Debemos seguir luchando por lo imposible, aunque lo hagamos ya sin ninguna esperanza. Que sea esto lo que nos mueva y no lo que nos paralice.

Según escribo esto, me doy cuenta de que en estos dos últimos párrafos está la respuesta que le hubiera dado a mi viejo amigo. En aquel momento no me salió.

Quizá en nuestro próximo encuentro.

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La revolución de los árboles

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Hace unas semanas, en un domingo de enero (que bien podría haber sido de abril) pude participar de una de las actividades más revitalizadoras y enriquecedoras que se pueden encontrar en un mundo tan frío y gris como el actual,  cada día más desprovisto de emociones y experiencias reales que conecten directamente con la madre natura. Un buen amigo, que participa desde hace tiempo en la campaña “Un voluntario, un árbol” me animó a pasar aquella mañana de domingo plantando árboles, repoblando una zona  a orillas del Río Turia. Desde estas líneas Luis,  te agradezco enormemente el haberme empujado experimentar aquello.

Para un gran amante del medio ambiente y la naturaleza como yo, la repoblación de bosques y espacios naturales, era una asignatura pendiente que había pospuesto una y otra vez, pues siempre acababa priorizando los diferentes frentes abiertos de lucha en los que estoy inmerso.  Erróneamente acabamos anteponiendo los problemas que creemos más cercanos y urgentes, olvidándonos de lo más importante: el medio que nos acoge y nos proporciona la vida. No nos damos cuenta que es inútil y absurdo luchar por derechos y libertades, cuando nuestra existencia en este planeta depende de qué tipo de relación mantengamos con él. Y desde luego no se puede decir que lo estemos tratando y conservando como merece. Seguimos creyéndonos que todo gira en torno a nosotr@s, que el planeta nos pertenece por derecho.  Hacemos gala de un burdo antropocentrismo insuflado a sangre y fuego por el criminal sistema en que vivimos. Y no podemos estar más equivocad@s.

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Aquella mañana soleada del mes de enero, en la vereda del Turia , cargado únicamente con un bocata y una azada, después de mucho tiempo, volví a conectar con la Pachamama.  Durante las horas que pasé cavando hoyos,  trasplantando Tarays y Sauces dándoles la oportunidad de unir para siempre sus jóvenes raíces con la tierra que en unos años les convertirá en recios y frondosos árboles que formarán parte de esa red bronquial que nos regala la vida en forma de oxígeno, sentí que estaba cumpliendo con una deuda pendiente. Esa que tenemos la raza humana, tan destructiva y despiadada, con la madre tierra. Después de más de un siglo de un Capitalismo desenfrenado y depredador que ha contaminado el aire, el mar, los ríos, la atmósfera, deforestado bosques y reservas naturales, y provocado la extinción de miles de especies animales, la raza humana necesita sí o sí volver a conectar con aquello que un día le dio la vida. Repoblar bosques, es sin duda una magnífica forma de devolverle aquel regalo y de paso contribuir a alargar la vida de las especies animales que pueblan este maltratado planeta, ¡incluida la nuestra!. Una vida que se extingue a pasos agigantados por la acción devastadora de ese virus llamado especie humana. A veces, me pregunto qué nos queda de humanos…

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Aquella mañana de domingo fue realmente mágica. Tuve además, la oportunidad de conocer a un grupo de personas, algun@s muy jóvenes, que estaban igual de entusiasmad@s que yo. Much@s de ell@s ya habían repoblado muchas veces, sin embargo, mantenían la misma mirada de emoción y de plenitud que yo, en esta mi primera vez. Plantar árboles es una clase de placer, una forma de ocio, que está al alcance de cualquiera. Un esfuerzo mínimo, en comparación con una recompensa, cuyo valor es incalculable: la vida. Una experiencia maravillosa, que cada un@ de nosotr@s debería probar alguna vez.

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Esos 7 árboles que plantamos Luis y yo aquella mañana están, desde el primer segundo en que entraron en contacto con la tierra,  recompensándonos con kilos y  kilos de oxígeno cada día. En pocos años serán árboles fuertes que lucharán cuerpo a cuerpo contra la acción depredadora del ser humano. No se me ocurre pues, una forma más revolucionaria y efectiva de contrarrestar la muerte a la que nos aboca esa barbarie llamada Capitalismo, que sembrando más vida. Plantar árboles es crear nuevos “soldados” que combatirán la codicia y la acción destructora del ser humano, con toneladas de oxígeno.  El planeta no necesita un respiro, lo necesitamos nosotr@s. Los árboles son ese respiro. Un respiro que, por si fuera poco, nos proporciona más tiempo. Más vida.

Nunca lo olvidemos. Unámonos a la revolución de los árboles.

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Luis y yo, en aquella mañana, después de plantar nuestro último Taray.

Europa inhumana

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En 2012, hace tan solo 4 años, la Unión Europea fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz por “haber contribuido durante 6 décadas al avance de la Paz y reconciliación, la democracia y los Derechos Humanos en Europa”. En aquel entonces, y aunque la historia de este galardón (en este apartado) ya recogía auténticos despropósitos como premiar a asesinos de la calaña de Kissinger u Obama, muchos ya nos echamos las manos a la cabeza por semejante disparate. Porque aquella UE, que no distaba mucho de la actual, ya era esa institución supranacional que aunque dicen, fue concebida “para cohesionar y armonizar social y económicamente a  los diferentes pueblos y culturas europeos”, hemos podido comprobar que era todo pura fachada, y que por el contrario es una máquina de generar miseria y desigualdad. La construcción pues, de ese mito llamado “europeísmo” estaba basado en algo irreal, radicalmente distinto del ideal que todavía hoy,  algunos ingenuos creen defender.

Aquella UE premiada con el Nobel, ya era ese engendro de institución plegado a los intereses de EEUU, su amo y señor, del que no asimiló más que el pensamiento único del libre mercado,  un culto enfermizo a la barbarie capitalista, a costa del sometimiento de la soberanía de los pueblos y en favor del máximo enriquecimiento de las élites financieras.  Fue en 2008, con la excusa del colapso financiero de Lehman Brothers y la consiguiente inauguración de un periodo de eso llamado “crisis”, que aun colea (y lo que nos queda), cuando esa UE se quitó definitivamente la careta y, a través de sus brazos ejecutores (auténticos sicarios financieros) como la Comisión Europea, el BCE o el FMI, comenzó a repartir miseria en forma de recortes, “rescates”, austeridad y la imposición, especialmente sobre los países del Sur, de una serie de brutales medidas de las que difícilmente nos volveremos a recuperar.  Por tanto, ni el más necio diría que este currículum es ejemplo de paz y reconciliación, y mucho menos de respeto a la democracia y a los Derechos Humanos.

Pero al margen de todo esto y de otras vergüenzas como (en el mejor de los casos)  mirar para otro lado en las masacres que están sufriendo (pongamos por ejemplo)  los pueblos palestino o yemení, o proveer de armas a ese enemigo llamado “terrorismo islámico”, donde realmente se ha cubierto de gloria ésta vergonzosa e inhumana institución mal llamada Unión Europea, ha sido con la gestión de la forzosa migración de los pueblos africanos y del medio oriente que desesperados, huyen a diario machacados por  guerras, conflictos armados o simplemente las terribles hambrunas que genera precisamente ese sistema al que la UE rinde homenaje con cada una de sus políticas.

Llevamos más de un año hablando de la gran cantidad de personas, much@s de ell@s niñ@s, que han muerto (a día de hoy siguen muriendo) de forma horrible ahogadas en el Mediterráneo, cuando trataban en un último esfuerzo de supervivencia, de escapar del terror y de la muerte. ¿y qué es lo que han encontrado aquell@s que finalmente logran esquivar la muerte en el mar? Yo os lo digo: más muerte, más miseria, más rechazo, más terror.

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No imagino lo que puede pasar por la cabeza de una persona que ha cruzado el mar en una balsa (ahora mismo en pleno invierno siguen intentándolo) jugándose la vida y la de sus hij@s, y que tras caminar cientos de Km pasando temperaturas heladas y mil calamidades, se encuentra ya en el continente con una fortaleza inexpugnable en forma de tramos interminables de vallas con de cuchillas, controles fronterizos llenos de policías armados hasta los dientes que los reciben a porrazos y los detienen o, en el mejor de los casos los hacinan en campos de refugiados. ¿qué Premio Nobel de la Paz trataría así a personas que lo único que quieren es un techo sobre el que resguardarse, un plato de comida caliente y un lugar temporal en el que vivir hasta poder volver a su tierra? ¿donde está el respeto a los Derechos Humanos? ¿donde ha quedado la solidaridad que debería mostrar una Europa, con la que sí se solidarizaron otros pueblos durante la II Guerra Mundial acogiendo a quienes huían despavoridos de ella?

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No son solo las imágenes de niñ@s ahogados en las playas griegas o turcas. Es la odisea que deben soportar miles y miles de familias que lo han dejado TODO atrás, para llegar a una Europa donde creen que salvarán sus vidas y sin embargo sufrir la enésima humillación, que no es otra que el robo y el expolio descarado del dinero en metálico y objetos de valor que hayan podido transportar por parte de quien debería acogerles. Porque esa Dinamarca, dicen algunos “ejemplo del Estado social”, ha aprobado una Ley que permite actos de tal vileza. Además,  Suiza y zonas del Sur de Alemania se han prestado a imitarle. Si a los Campos de refugiados, sumanos las vallas cortantes, los palos y detenciones y la “requisación” de bienes, esta UE bien parece una hija bastarda de la genocida Alemania nazi. Con la salvedad de que a la UE ya no le hacen falta cámaras de gas, ya tiene el Mar Egeo que engulle cuerpos cada día por decenas. Casi 3000 (que se sepa) en sólo 1 año. Y si no, mueren de frío o de hambre, esperando una solidaridad internacional que nunca llega. Un auténtico holocausto que lleva camino de convertirse en la mancha más negra de una Europa sin corazón,  desprovista de toda humanidad.

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El colofón a tanta crueldad y maldad, lo hemos comprobado hace unas pocas semanas en la Isla griega de Lesvos cuando tres bomberos sevillanos, que en un acto de solidaridad. se habían desplazado allí para ejercer labores de salvamento sobre las cientos de personas que hambrientas y con hipotermia,  llegan a duras penas a las costas griegas, ¡FUERON DETENIDOS! por la Guardia Costera griega y acusados de tráfico de personas. ¡es todo tan demencial! No quiero pensar cúantas vidas más se llevaría por delante la inacción de la UE, si no existieran organizaciones como PROEM-AID, PROACTIVA OPEN ARMS o REFUGEE CARE y otros cientos de personas anónimas, quienes con muy pocos medios, pero con una tremenda determinación, valentía y grandes dosis de ternura y solidaridad, están salvando cientos de vidas cada semana. Cada una de las personas que forman parte de estos colectivos tiene mi total admiración. Heroínas y héroes que hacen que haber nacido en esta caricatura de continente no sea tan vergonzoso.

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No cabe pues, esperar NADA de una UE que es una despiadada y cruel máquina de exterminar personas. Una Europa insolidaria, sin memoria, que ha olvidado por completo los valores que algún día se le supusieron. Al resto, nos queda seguir denunciando esta barbarie, aportando humildemente lo que podamos desde casa (qué mal suena esto si imaginas a niñ@s llegando a las playas o durmiendo en la calle helad@s de frío) o participando activamente de esa solidaridad que, aunque silenciada por los medios, salva algunas vidas. Por desgracia no todas las que quisiéramos.

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Mientras medio mundo se enfrenta en guerras absurdas por la posesión y dominio de territorios y recursos naturales, generando millones de desplazados, urge construir algo radicalmente diferente de ese proyecto llamado UE, a todas luces fallido. Un lugar común, sin fronteras ni vallas de la vergüenza, sin cupos para las migraciones, una nueva zona común donde NADIE sea excluido por razón de su etnia o lugar de nacimiento. Un mundo donde quepan todos los mundos. Un lugar donde la solidaridad sea lo habitual y no lo anecdótico. Solo entonces podremos decir que hemos vuelto a ser humanos. Hasta entonces, pido a la Unión Europea que devuelva el Premio Nobel de la Paz. Nunca lo mereció.

A día de hoy, en este país se discute en las tertulias televisivas y radiofónicas sobre la imagen de diputad@s y sus bebés, los escaños que me faltan, el reparto de ministerios y futuros pactos de gobierno en los que NUNCA se habla de l@s refugiad@. Si después de tragar todo eso, aun os queda algo de tiempo, os invito a acordaros de toda esa gente que hoy dormirá en la calle, en un saco hacinado en un Campo de Refugiados, y sobre todo de aquello que no lo lograrón y que descansan en el fondo del Mar Egeo. Al menos les debemos el recuerdo. Qué poco es y que rabia da reconocerlo.

 

Lo que quiero para el 2016

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En estas fechas suele ser habitual que haga un balance del año transcurrido en lo personal, y también en lo que respecta a la situación de las diferentes luchas que mantenemos a diario, con algún éxito y cada vez más fracasos.   Y es que, desde que abrí este humilde espacio virtual,  2015 ha sido a diferencia de los anteriores, el año más terrible y cruel que recuerdo desde aquel 15 de mayo de 2011, en que decidí tomar esa Pastilla Roja que me abrió los ojos a la realidad y que inspiró el nombre de este blog. Tal ha sido este año, que un servidor ha perdido prácticamente las ganas de escribir. No escribía nada desde hace 3 meses. No se siquiera si acabaré este post…

Cadáveres de niñ@s en las orillas de las playas europeas, miles de personas tragadas por el Mediterráneo antes de llegar a esas playas huyendo de guerras absurdas y de la miseria que occidente provoca, cientos de miles de civiles masacrados a bombazos en todos esos sangrientos conflictos abiertos por la codicia del Imperialismo, fase suprema de un Capitalismo que camina imparable hacia la destrucción de toda forma de vida en este planeta. Decenas de miles de personas que, escapando del terror, de la muerte y de las hambrunas,  y tras haber sobrevivido a una auténtica odisea por tierra y mar,  son rechazadas, detenidas, maltratadas y vilipendiadas en esas fronteras de la vergüenza, sembradas ahora por miles de km de vallas con cuchillas, para “¿proteger?” a esa fortaleza inhumana y sin corazón llamada Europa.  Terrorismo que genera  más terrorismo y que se combate con más muerte y más bombas. Bombas “humanitarias” que caen “por error” en hospitales y que asesinan a médicos, voluntario y pacientes inocentes. Muertos de 1ª, de 2ª y después, cientos de miles de NADIES que mueren a diario, y que no cuentan para un mundo occidental tristemente insolidario e insensibilizado.

De nuestras tierras qué decir de este 2015…

Al recorte más grande en materia de libertades y derechos individuales y colectivos que se conoce desde ese invento llamado democracia, han ido unidas detenciones y encarcelamientos ilegales basados en montajes policiales, con la criminalización del movimiento libertario, antifascista y del sindicalismo de clase, además del cierre y demolición de más espacios autónomos autogestionados, y auténticos atentados contra la libertad de expresión. Todo en nombre de un Estado represor que busca siempre perpetuarse a través de las urnas, en un año repleto de elecciones a todos los niveles y en varios países (griegasX2, portuguesas, turcas,  andaluzas, municipales, catalanas y generales) que no han hecho más que revelarnos que TODO SIGUE IGUAL y que este manicomio llamado mundo no se arregla cambiando de amo, sino dejando de ser perro.

A nivel personal, también ha sido un año complicado. Al margen de los problemas personales que reservo para mi, 2015 ha sido un año de grandes decepciones y grandes errores. Malas decisiones que han provocado terribles pérdidas y que han cerrado bruscamente etapas muy bonitas. Es cierto que se han abierto otras luchas, otros caminos que a día de hoy son una incógnita,  y que de momento no me generan gran entusiasmo. Desde luego, no ha sido mi mejor año. Todo me ha afectado enormemente hasta el punto de alcanzar unas cotas de pesimismo, frustración e impotencia que nunca creí que podría sentir. Ni para escribir he tenido fuerzas ni ganas. Y eso es preocupante. Mucho.

Pero como hoy cambiamos de año, y a pesar de no creer en ese tópico que dice “año nuevo, vida nueva”, voy a intentar expresar en voz alta qué es lo que quiero para este 2016. Voy a fingir que alguien me escucha y, al estilo de los niños que escriben sus deseos en una lista para los reyes magos, yo haré lo propio, pidiendo a la humanidad entera que cambiemos de una vez, porque de no hacerlo estamos condenados a la extinción.

Para este 2016 PIDO…

  • COOPERACIÓN, SOLIDARIDAD Y APOYO MUTUO. Han sido, son y serán los pilares básicos en los que deberemos fundamentar las luchas y la construcción de un imaginario colectivo diferente a la aberración capitalista.
  • EMPATÍA. No sólo con nuestro núcleo familiar. Empezaremos por el vecino de enfrente, que va a ser desahuciado y acabaremos por los miles de refugiados e inmigrantes que vienen aquí huyendo de la terrible desigualdad y miseria que genera este atroz sistema.
  • ACCIÓN DIRECTA. Sin una respuesta planificada y organizada que contrarreste los efectos demoledores del capitalismo, estaremos vencidos y vendidos de antemano.
  • PARTICIPACIÓN ACTIVA EN LA VIDA POLÍTICA. A muchos niveles podemos influir y cambiar cosas. Fiscalización de gobiernos municipales (asistencia a plenos, a actos gubernamentales…). Tejer redes de apoyo, fomentar y fortalecer las asambleas de barrio, vecinales…
  • CREATIVIDAD E IMAGINACIÓN para buscar y elaborar alternativas de lucha, de empleo, de ocio y de consumo, radicalmente diferentes de aquellas que nos sugiere (y a veces impone) el sistema.
  • LUCHA FÉRREA Y SINCERA CONTRA EL HETEROPATRIARCADO. Como hombres, debemos hacer una profunda reflexión de nuestros comportamientos diarios y a partir de ello, replantearnos nuestro papel, nuestra masculinidad y nuestro sitio en la lucha feminista. A la sociedad entera le pido un verdadero esfuerzo. Una cuenta pendiente que le debemos a la mitad de la raza humana.
  • LIBERTAD SIN CONDICIONES PARA TOD@S L@S PRES@S POLÍTICOS.

Finalmente pido y deseo mucha SALUD para toda la gente que lucha diariamente y desinteresadamente por cambiar el mundo. Esas y esos “utópicos” que creemos que, a pesar de que no hay muchos motivos para la esperanza, es nuestra responsabilidad y obligación continuar en el empeño de dejarles un mundo diferente a las generaciones venideras. A aquell@s que no se rinden ante el posibilismo o el mal menor y siguen soñando y construyendo el cambio en los Centros Sociales, en las asambleas de barrio, en las cooperativas, en los sindicatos alternativos, organizaciones ecologistas y en general en todos los movimientos sociales que no se dejan seducir por el parlamentarismo y que DESDE ABAJO, luchan por la verdadera emancipación del ser humano.

Para terminar, más que un deseo, UN SUEÑO: Caminar JUNTAS hacia la soberanía económica y alimentaria y liberarnos de esas cadenas invisibles que nos inmovilizan para ACABAR CON EL CAPITALISMO antes de que éste acabe con nosotras. Sigue siendo AHORA O NUNCA.

Mañana, empieza otro año, pero la actitud y los objetivos continúan siendo los mismos: LUCHA, LUCHA Y LUCHA.

 

 

 

 

Reflexionando desde la huida de Matrix el 15/05/2011